miércoles, 11 de abril de 2012

007-Los trenes reales españoles. Un lujo ferroviario



Nº007



Si bien, lógicamente, la presencia de los trenes reales en la historia del ferrocarril, no deja de ser anecdótica, sí es sin embargo cierto, que el lujo de sus coches ha hecho que destaquen como piezas singulares de gran interés. Desde sus inicios las familias reales europeas, siempre que era posible, utilizaban el tren para sus desplazamientos, por la rapidez y comodidad que ofrecía el nuevo medio. Para el uso de las familias reales se construyeron pequeños palacios rodantes.



Los primeros monarcas que utilizaron el tren fueron los británicos que construyeron en 1842 el primer coche real para uso exclusivo de la reina Victoria, que realizó su primer viaje en ese año entre Slough y Londres.
En la misma lógica de tren lujoso especial, la sociedad constructora de la línea de ferrocarril del Estado Pontificio (Roma-Franscati) y Napoleón III regalaron en 1856 al papa Pío IX tres coches para su uso personal. Uno de ellos alojaba una capilla, el segundo era un coche salón y el tercero un coche con palco plataforma. El propio Napoleón III disponía de un tren real construido en los talleres de material rodante de la Compañías de los Caminos de Hierro del Estado. El tren se componía de nueve coches comunicados entre sí: un vagón para equipajes, dos coches de primera clase, un coche-comedor, un coche-terraza, un coche-salón para fumar, un coche-cama, uno de primera clase para el servicio de la emperatriz y otro final para equipajes. Todos ellos lujosamente decorados.
En España, el primer ferrocarril con carácter regio fue el de Madrid-Aranjuez, inaugurado por la reina Isabel II en febrero de 1851. Para esta ocasión, el promotor del ferrocarril, el marqués de Salamanca hizo construir un coche que según crónica de la época "era muy superior a los utilizados por la reina Victoria de Inglaterra y Luis Felipe de Francia".
Con anterioridad a 1864 se conoce por una fotografía del Archivo del Museo del Ferrocarril de Madrid-Delicias un coche real que MZA preparó para la reina Isabel II. Se trata de un coche de dos ejes y puertas de acceso situadas en el centro del vehículo a cuyo interior se accedía por una escalinata. El coche llevaba el escudo de la Casa de los Borbones en las esquinas y en la parte superior de las puertas.
Pero es en 1864 cuando la compañía MZA construye el primer tren real de España, con motivo de la inauguración de la línea de Madrid a Zaragoza. Es el tren que estrenó el rey consorte Francisco de Asís Borbón para trasladarse a los baños de Alhama de Aragón. Lo utilizó también la reina Isabel II, así como Amadeo I y Alfonso XII.



Estaba constituido por cinco coches, que carecían de las habituales puertas centrales que llevaban los coches de la época. Sólo tenía dos puertas en cada extremo. La composición estaba formada por un coche salón o de recepciones, el de descanso, un salón para ministros y séquito, otro comedor y el de cocina. A esta composición se agregaban todos los coches auxiliares necesarios. Todos ellos se comunicaban a través de unos puentecillos con barreras laterales.
El coche salón estaba revestido de damasco rojo con techo en raso blanco. Tanto los sillones como las sillas y divanes se instalaban en los laterales y su tapicería era de “gobelinos”. En el frente se situaba un sofá sobre el que se apoyaba un tapiz con las armas reales bordadas a mano. El mobiliario lo completaba una mesa de alas en caoba y bronce que se encontraba en el centro del salón. Este salón estaba comunicado con un pequeño gabinete desde el que se accedía al coche dormitorio o de descanso. Este coche se dividía en tres departamentos.
El primero era un salón con dos divanes-cama y butacas. El segundo era el dormitorio real y el tercero cumplía las funciones de vestidor, por lo que constaba de un tocador, armarios y retrete. Su tapicería era de damasco azul con estampado de flores de lis y coronas.

Coches

El coche para ministros y séquito, también tapizado en damasco azul, estaba dotado de varios divanes-cama, sillones y butacas, un pequeño tocador y un retrete lateral. A este coche, le seguía el coche-comedor con una mesa central ovalada con capacidad para doce cubiertos, aparadores correspondientes al servicio y tapicería de “piel de Rusia”, con coronas reales, flores de lis y anagramas del monarca repujadas, Las sillas llevaban las iniciales del rey debajo de la corona.

El coche cocina por su parte llevaba una despensa y departamento para el servicio necesario en marcha. Formaban parte de esta composición también un break para los ingenieros de la compañía ferroviaria y los furgones de equipajes necesarios.
Todos estos coches eran de dos ejes, con suspensión de ballestas, freno de husillo y alumbrado de aceite. No llevaban calefacción, por lo que para lograr un ambiente cálido se les dotó de unos calentadores de chapa (caloríferos), en cuyo interior había agua hirviendo. Los calentadores se renovaban en cada una de las paradas del tren.
El tren se modernizó en 1881, reparando sus instalaciones técnicas y suntuarias. En 1882 prestó servicio con motivo del viaje a Andalucía de Alfonso XII y la reina María Cristina. Estuvo circulando para la casa real hasta un año más tarde.
En 1883, la Compañía de Asturias-Galicia y León, en sus talleres de León, construye un nuevo tren real en el que viajaron los reyes Alfonso XII y doña María Cristina para la inauguración en ese mismo años de la línea Madrid-León-La Coruña.
La composición estaba formada por ocho coches. El coche-cocina tenía capacidad para preparar hasta cuarenta cubiertos, además de disponer de un departamento para siete personas de servicio. Un coche-antecocina, que servía de almacén del servicio de mesa, llevaba unos bancos dispuestos en sentido longitudinal que se utilizaban para descanso de la servidumbre real durante el viaje.
El comedor, con capacidad para veinte comensales, estaba lujosamente decorado con tapices. El techo era de caoba con marquetería en verde y blanco; el piso de nogal encerado estaba cubierto por una gran alfombra de nudos. Este coche tenía nueve ventanas a cada lado, decoradas con cortinas de damasco azul. El mobiliario, también de nogal, lo formaba una gran mesa ovalada y veinte sillas con respaldo de rejilla. En los cuatro ángulos del coche se ubicaban otros tanto lavabos con depósitos de agua corriente.
A continuación del comedor se encontraban dos coches salón gemelos, que disponían de un salón de fumar, amueblado con cuatro divanes y dos pequeños veladores, con tapizado tipo capitonés de color gris perla, con flores de lis a juego con las cortinas. El techo era de nogal con marquetería y las puertas de caoba con espejos biselados.

Estos coches se alumbraban con lámparas de petróleo en el techo y candelabros en las paredes. El salón central se amuebló en los dos coches con dos divanes, cuatro sillas tipo imperio y un velador. Existía un tercer compartimento de reducido tamaño dedicado a cuarto de servicio y un lavabo-retrete. Todos los coches tenían acceso lateral a través de una escalerilla adosada a los balconcillos.
El coche de la reina se situaba a continuación del comedor. Constaba de un pasillo lateral para acceder a los distintos departamentos: dormitorio, tapizado con los colores de la Casa de Austria (brocatel, azul y plata). La cama de bronce, con colcha de brocado azul y adornos de pasamanería, llevaba ropa blanca de tipo holandés. Un tocador dotado de un completo servicio de plata, dos sillas, mesa de noche y cortinas completaban la decoración. Desde este dormitorio se accedía al dormitorio de la reina, amueblado con un gran diván, cama, dos sillas imperiales y un tocador de ébano y mármol.
Después del coche de la reina, se encontraba el del rey. Este coche tenía acceso lateral, que a través de una escalinata tallada daba paso a un hermoso balconcillo. Seguidamente, se pasaba a un salón tapizado de damasco verde y amueblado con dos grandes divanes, un sillón tipo capitoné y dos escritorios de ébano tipo bod. El decorado se completaba con espejos, candelabros y cortinas. Desde aquí se podía pasar a un pasillo tapizado en brocado y oro por el que se accedía al dormitorio, tocador y retrete.
El dormitorio decorado en damasco amarillo, oro viejo y molduras doradas, tenía una cama de bronce, armario de caoba con espejos, mesa de noche y una silla tapizada en damasco amarillo. Una puerta de ébano, comunicaba el dormitorio con el lavabo-retrete totalmente revestido de caoba. El alumbrado era de aceite y en el lavabo había un candelabro niquelado.
Los últimos coches, uno en cabeza para el servicio de la compañía y otro en cola para el servicio real, eran tipo break, construido en Suiza en los Talleres Neuhausen por la Sociedad Industrial Suiza. Tenían nueve metros de longitud y pasillo lateral con diversos departamentos: un lavabo-retrete, un sillón-cama para un criado, otro departamento similar para el encargado del freno, que tenía demás a su cargo un aparato telegráfico que estaba en conexión con el que llevaba el break de cabeza. Cuando era necesario, ambos se podían empalmar a las líneas generales y obtener así comunicación directa con el exterior.
El salón de este vehículo estaba revestido con paneles de nogal y ébano con relieves tallados. Estaba amueblado por cuatro divanes cama forrados de cuero, una mesa central y varias butacas. Lo remataba un mirador cerrado con dos grandes ventanales laterales y otros dos de fondo.
En 1897 la Compañía del Norte comienza la fabricación, en sus talleres generales de Valladolid, de dos coches para su utilización por la familia real. Se trataba de un coche salón y un dormitorio que sustituirían a los de la Compañía del Noroeste en los desplazamientos reales. Los coches eran de madera, con una anchura de tres metros y se accedía a ellos por un testero en lugar de por el centro. Incorporaban bogies en vez de ejes para mayor confort y seguridad y su longitud era de 19 metros.

Se concluyeron a finales de 1900 y estuvieron en servicio hasta el año 1931. A lo largo de esos años sufrieron diversas modificaciones y reformas. En 1902, se reformó el comedor, ampliando la longitud del salón de 5 a 6,8 metros lo que dio capacidad para colocar tres mesas de caoba con cuatro cubiertos cada una y dos mesas de dos cubiertos. Para estos 16 cubiertos se encargaron 16 nuevas sillas.
El alumbrado de los coches era de aceite y la calefacción por el sistema antiguo. Al techo se le dotó de una lámpara más y las camas, que servían de asientos en los departamentos del mismo coche se ensancharon siete centímetros. En el exterior se encontraban los escudos con las armas reales de la reina madre María Cristina y Alfonso XIII.
En 1907, aprovechando una sustitución de telas deterioradas en los dos coches, se instaló la calefacción por termosifón, alumbrado eléctrico sistema "Vicarino". Se modificaron también los fuelles y las puertas para que se pudieran acoplar coches de la Compañía de Wagons Lits y en el exterior se sustituyeron los escudos de armas de la reina María Cristina por los de la reina consorte Victoria Eugenia.
En 1923 se cambiaron todas las telas del dormitorio del Rey y se confeccionó una nueva colcha para el de la reina. Se renovó también el mobiliario de ambos vehículos. En esta ocasión, los fabricó la Casa Lisárraga. En 1924, a petición del propio monarca, se colocó en el dormitorio un indicador de velocidad.
En 1929 se construiría un tercer coche, el coche cocina, ya que se estaba utilizando el antguo de la Compañía del Noroeste. Fue construido por los Talleres de Carde y Escoriaza de Zaragoza. La dotación interior fue supervisada por el cocinero mayor de Palacio.
Este tren real estuvo activo hasta 1932, año en que fue apartado en los Talleres Generales de Valladolid, permaneciendo allí hasta el año 1975 cuando, con motivo de la celebración del Congreso de MOROP, se traslada al depósito de Vilanova i La Geltrú, donde todavía se encuentra, actualmente formando parte de los fondos del museo.

El viaje

La Compañía del Norte editaba en julio de 1900 las Instrucciones para la Circulación de los Trenes Reales, como motivo de su utilización por parte de Alfonso XIII. Según estas instrucciones la composición fija del tren era la siguiente: un furgón en cabeza, un coche de primera sin comunicación con los coches reales, seguido de un coche salón y un coche comedor que siempre debían ocupar el centro de la composición.
A continuación les seguía un coche cama, que solía ser de Wagons Lits, dos coches de primera con comunicación un coche cocina y un furgón de cola. Intercalados entres estos vehículos se situaban diversos vagones freno con sus correspondientes guardafrenos.
Los trenes reales así formados iban acompañados por personal de la compañía: un jefe o subjefe de movimiento, un jefe de tracción o un inspector de tracción, el inspector principal de la explotación, el jefe de sección de la vía, un jefe maquinista, un interventor del telégrafo con dos aparatos de socorro completos, un interventor de pequeño material, un visitador de material móvil, un ebanista y un guarnicionero, un lamparero y una brigada compuesta por un conductor, jefe de tren, otro conductor a las órdenes del primero y tres guardafrenos elegidos por el jefe de movimiento. Cada uno de estos dieciséis agentes tenía asignada una misión específica. Todos ellos viajaban en el coche de primera que encabezaba la composición, excepto el jefe de sección de la vía y el jefe de tracción que viajaban en la máquina.
En el furgón de cabeza viajaban el visitador de material móvil, un lamparero, el ebanista y el guarnicionero. Estos dos últimos, a lar órdenes del visitador, se encargaban de poner y quitar la escalerilla al pie del salón real, realizar la limpieza interior y arreglo de las camas, mesa y demás accesorios del tren real.
El conductor, jefe de tren, se encargaba de colocar dos ejemplares del itinerario y confeccionaba la hoja de marcha. El segundo conductor abría y cerraba la portezuela del salón real del lado del andén. El personal de la compañía tenía prohibido abandonar su puesto salvo que la necesidad así lo aconsejase. A las estaciones desde las que salía o a las que llegaba el tren sólo tenían acceso funcionarios y agentes de la división e inspección del gobierno y autoridades. Todos los detalles debían ser cuidados por el jefe de estación. Para facilitar el cumplimiento de esta normativa, todos los puestos de acceso a la estación permanecían cerrados y aquellos por los que debía pasar el rey se custodiaban por un vigilante de la estación o por el guardafreno de cola del tren real.
Para dar salida al tren, el jefe de estación se colocaba al lado del coche real, esperando la autorización del jefe de movimiento para la salida reglamentaria.
En cuanto al servicio de tracción, las instrucciones fijaban que en todo el trayecto debían encontrarse máquinas de reserva en presión y abastecidas de combustible y agua, listas para partir en cualquier momento. Todo ello, debía realizarse dos horas antes de la llegada del tren, continuando las máquinas en estado de marcha hasta que el tren llegara a la siguiente estación con máquinas de reserva.
La vigilancia de vía antes de salir el tren la realizaban los sobrestantes y capataces, quienes recorrían a pie todo su distrito para examinar la vía, agujas, placas giratorias, túneles, pasos a novel, puentes, señales, etc. Todas las obras que estuvieran en proceso en el recorrido del tren quedaban paralizadas desde cuatro horas antes de su paso, hasta dos horas después.
Los pasos a nivel estaban guardados pro el guardabarrera de servicio y un guarda auxiliar. Otros pasos de menor importancia era custodiados por la guardesa o por un obrero de la vía. También se establecía una brigada de socorro para acometer cualquier trabajo de urgencia en la vía.
Todos los agentes debían esperar el tren con dos horas de antelación y continuar en sus puestos hasta una hora después de haber pasado. Estas instrucciones tenían en cuenta las normas de protocolo relativas a la indumentaria que debían vestir los agentes de servicio. Así, especificaban que losa gentes debían ir de riguroso uniforme y en traje de gala. Los que viajaban en el tren llevaban guantes de hilo. El inspector principal de la explotación vestía traje de etiqueta completado por la gorra del uniforme.
Los trenes reales eran remolcados por una sola máquina de dos ejes acoplados, aunque podía emplearse la doble tracción excepcionalmente en rampas superiores a 11 milésimas, pero sin superar la velocidad de 45 km/h. Si la rampa era superior a 5 milésimas, podía ser remolcado por una máquina de tres ejes acoplados. En este caso la velocidad no excedía los 50 km/h.
Instrucciones similares a estas de la Compñía del Norte ordenaban otras compañías del ferrocarril como MZA o Andaluces, sin apenas variaciones en sus normas generales.

El último viaje en ferrocarril de Alfonso XII


al y como ocurre ahora con los sistemas de metro ligero en España, a finales del siglo XIX, las ciudades se esforzaban en dotarse de sistemas de tranvías capaces de responder a las crecientes necesidades de transporte de personas y mercancías. En 1881, el conde de Canterac hizo su aportación a la tecnología tranviaria –de sangre todavía- con su ómnibus-tranvía, ligeramente interoperable, incluso antes, de que se existiese el vocablo.

El sistema ideado por el Conde, distinguido militar -jefe de un regimiento de artillería e inventor impenitente que ofreció al Ejército distintas invenciones-, mereció la atención de la sociedad de su época y los periódicos le dedicaron páginas en atención a la importancia del sistema que acababa “de resolver un problema de locomoción económica, cuyas ventajas se dejarán pronto sentir en el movimiento industrial de las grandes ciudades”.
El invento perseguía una suerte de interoperabilidad entre vías y calzadas, de modo que los vehículos circulasen tanto sobre unas como sobre otras, aprovechando al máximo sus posibilidades de circulación y reduciendo la inversión necesaria para establecer redes tranviarias.

“Trátase de que todos los carruajes, lo mismo los destinados al transporte de viajeros que los de mercancías anden indistintamente sobre raíles o sobre calzadas y calles comunes, merced a un sencillo mecanismo, que los hace aptos para los dos sistemas”.

Los grabados explican el procedimiento, “seis ruedas, dos de las cuales, las de atrás, no cambian nunca de posición mientras que las cuatro de delante se sustituyen unas a otras, según se requiere, las lisas, para caminar por las calles, o las de pestaña, para amoldarse a las barras de un tranvía, constituyen el fundamento de la invención”.

“Cuando el conductor del carruaje quiere descarrilar o encarrilar, según los casos, no Tiene más que hacer cejar un poco a las caballerías e imprimir un leve movimiento a la palanca que se ve delante, con el cual asegura uno de los juegos de ruedas que quiere poner en uso. Puede decirse que la operación se verifica por sí misma”.
“Las ventajas de este sistema son bien notorias. Hasta hoy, los tranvías no podían utilizarse más que para el servicio de viajeros, y éste, en los puntos y con las direcciones marcadas de antemano en las líneas: desde hoy, viajeros y mercancías saldrán de cualquiera parte en ómnibus y camiones, como de ordinario, y enlazarán con las barras-carriles donde las encuentren, aprovechando la facilidad y economía de esta locomoción”.

“Así lo habían comprendido los muchos mecánicos que en diferentes países se propusieron ensayar la reforma, aunque sin éxito seguro, hasta que nuestro compatriota en señor Canterac la ha realizado a satisfacción de todos”. El Conde dotaba así a la patria “de progresos que se aceptan y difunden con estima en los demás países”. En Madrid se verificaron con éxito las pruebas -“con aplauso unánime” según las crónicas- y se empezaron a construir diversos carruajes para comenzar su servicio público en el verano de 1881.


lunes, 9 de abril de 2012

006-Los ingeniosos inventos del ferrocarril.

Nº006

El aparato para el intercambio de correo con trenes en marcha y el giro mutuo telegráfico

Desde 1875 funcionaba en los ferrocarriles de los Estados Unidos un sistema para que los trenes pudieran, sin reducir su velocidad, tomar de unas perchas colocadas en los andenes las sacas de correo, con total seguridad. Pero el mecánico francés Cacheleux fue más allá y desarrolló un sistema para en intercambio de las sacas.

En 1876 “el diestro mecánico francés Monsieur Cacheleux” patentó su gran invento, el aparato para tomar y dejar en los trenes en marcha sacos de correspondencia que venía a mejorar las prestaciones de otro desarrollado en los Estados Unidos y que desde un año ante permitía sólo recoger la correspondencia de los andenes.
El sistema americano, en uso desde julio de 1875, consistía en un gancho que colocado en el lateral del vagón permitía recoger, incluso a gran velocidad, automáticamente sacas o bolsas llenas de despachos y cartas de una percha situada en el andén.

Cacheleux fue más allá y construyó un aparato mucho más ingenioso y también más útil, ya que permitía tomar y dejar a la vez en los trenes, y sin perjuicio para su velocidad, las bolsas y los sacos que contenían la correspondencia y automáticamente situarlos sobre la mesa del empleado de Correos a cargo del coche postal.
Eusebio Martínez de Velasco, encargado de la sección de “Inventos útiles y curiosos” de La Ilustración Española y Americana, saludaba el ingenio del francés en el número de 8 de abril de 1876 de la publicación y detallaba su modo de funcionamiento.
Las dos figuras del grabado que acompañaba el texto representaban el aparato –doble aparato en realidad- antes y después de la operación. Así, “el anillo A del saco que el wagon debe dejar, es recibido por el gancho O y después por el gancho B, que le retiene y coloca en el poste Z”.

“Al mismo tiempo, el pequeño aparato H, adherido al wagon, toma, al pasar el tren, el saco que está pendiente del anillo C, y le coloca sobre la rama D por medio del gancho E. Luego, la posición y el movimiento están combinados de tal suerte que el mismo saco, procediendo automáticamente, abre la puerta del wagon y se presenta en el interior, sobre la mesa del empleado de Correos” que debía entonces registrar su llegada.
El inventor, se supone que después de pruebas superadas con éxito, ofreció “su aparato al director general de Correos de Francia, Monsieur Le Libon”, quien lo aprobó plenamente y rogó “a una compañía de ferro-carriles que lo haga ensayar en su línea”.
En directa relación con las líneas telegráficas que acompañaban a las de ferrocarril nació, también en 1876, en Estados Unidos, el “telégrafo para transmitir facsímiles”, un primitivo fax que desarrolló el ingeniero industrial W. E. Sawyer de Nueva York. Que permitía transmitir “copias exactas de los despachos, verdaderos fac-símiles, por los hilos eléctricos, (lo que) señala un progreso inmenso, que ofrece dilatado campo de explotación al comercio y al público en general”.
Martínez de Velasco escribía que el aparato era “sencillísimo, y consta (...) de la pila eléctrica igual a la que se usa para el telégrafo Morse, de dos instrumentos principales: una doble placa metálica, en comunicación con los hilos conductores, que recibe el despacho original, autógrafo, y un doble cilindro o rodillo que ejerce la presión conveniente en momento oportuno y trasmite aquel con exactitud matemática.”
El papel para escribir los documentos a transmitir necesitaba de un previo tratamiento químico cuyos procedimientos y fórmulas de los compuestos a emplear guardaba Sawyer en absoluto secreto.
Por último, La Ilustración informaba que ya se había creado una compañía , The U.S.Postal Telegraph Company, “con un capital de diez millones de pesos para la explotación del invento y ha principiado por hacer construir dos líneas generales, desde Nueva York al Canadá y desde el Atlántico al Pacífico, para desarrollar (...) en grande escala el giro mutuo telegráfico.

005-Los peligros del vapor.

Nº005


El primer reventón de caldera ocurrió en 1815 en una locomotora de mina

Desde sus inicios, el ferrocarril conoció accidentes y desgracias. El gran avance que supuso no evitó que la nueva tecnología costará vidas humanas como ha ocurrido con todos los medios de locomoción. El nivel de seguridad actual es el resultado de ese precio elevado en vidas humanas y de las enseñanzas extraídas de muchos años de peligros.

La historia de los primeros accidentes ferroviarios se remonta a antes incluso de que se convirtiera en un medio de transporte público. El primer reventón de caldera ocurrió en una mina cerca de Newcastle el 31 de julio de 1815 y el primer descarrilamiento el 3 de diciembre de 1830, cuando un tren de pasajeros del Newcastle & Carlisle Railway se salió de la vía hacia Greta Corby y produjo la muerte de tres de sus viajeros.
Pero meses antes, el 15 de septiembre del mismo año, ya se ha había registrado la primera muerte por atropello en el ferrocarril. Se trató entonces del diputado del parlamento inglés William Huskisson a quien la “Rocket” pasó por encima el día de la inauguración de la línea Liverpool-Manchester lo que le causó la amputación traumática de una pierna y la muerte horas después, a pesar de los esfuerzos del propio Stephenson que trasladó el mismo al herido.
Pero el más espectacular descarrilamiento de los primeros tiempos del vapor fue el ocurrido el 8 de mayo de 1842 en la línea Paris Motparnase-Versailles Rive Gauche, cuando un tren sobrecargado de pasajeros, procedente de Versalles, descarriló cerca del paso a nivel de “Les Gardes”, a la salida del túnel de Meudon.
El tren era arrastrado por dos locomotoras, la de la cabeza con sólo dos ejes acoplados pesaba poco y la segunda, más potente y de más peso era de tres ejes acoplados. Los mecánicos y maquinistas no consiguieron ajustar las fuerzas de las dos locomotoras y en una vía sin pendiente, la segunda locomotora, empujando a la primera, la sometió a esfuerzos tan importantes que dieron como resultado la rotura de un eje y el descarrilo de la máquina.
La segunda locomotora acabó subiéndose sobre la primera y los coches quedaron empotrados en un amasijo de hierros y madera junto a las dos máquinas. El fuego de los hogares se extendió tan rápidamente entre los coches que estos prendieron con facilidad.
Además la indisciplinada conducta de los viajeros de la época obligaba a tener las puertas de los coches cerradas con llave según establecía la normativa vigente, lo que supuso que muchos de aquellos pasajeros quedasen prisioneros quemándose irremediablemente en aquellos ataúdes de madera de los que muy pocos consiguieron salir.Los
Al final se contabilizaron oficialmente 55 muertes, aunque el número real de los fallecidos fue mayor y entre ellos se encontraban el almirante Dumont d´Urville, su esposa y su hijo. Dumont d´Urville (1790-1842) fue un militar y explorador francés que viajó a las costas de Nueva Guinea y Nueva Zelanda a bordo de l´Astrolabe, halló los restos del expedición de La Perouse (1828) y descubrió y tomó posesión para Franca de la Tierra de Adelia en la Antártida.
Desde 1835 hasta 1856, en Francia, el ferrocarril mató sólo a uno por cada más de dos millones de viajeros e hirió a un viajero por cada 558.000. Durante el mismo período los coches de caballos mataron a una persona por cada 355.000 e hirieron a una por cada 29.000 de sus viajeros.
Desde sus inicios y a pesar de su velocidad muy superior, el tren fue más seguro que la tracción de sangre lo que no arredró a sus detractores, como el historiador, periodista y político francés Adolphe Thiers (1797-1877), diputado, ministro, primer ministro, presidente de la república y feroz oponente del ferrocarril al que consideraba como muy peligroso para los viajeros.

Reventones

Las locomotoras siempre fueron máquinas más delicadas que las de vapor fijas. Estaban continuamente sometidas a velocidades variables y situaciones extremas, golpeaban contra la vía, realizaban servicios de muy distintas dificultades y exigencias, con distintos pesos arrastrados y con distintos perfiles de líneas.
Además los azares climáticos causaban grandes variaciones en las condiciones de trabajo en un mismo día, su alimentación también era muy variable, con carbones y aguas muy diversas a lo largo de sus trayectos y un largo etcétera de circunstancias poco ponderables por los ingenieros de los principios del ferrocarril.
Además de por los ingenieros que “construían” las locomotoras, estas variables y dificultades técnicas que hoy se conocen y tiene en consideración, debían ser controladas por los equipos de conducción, algo que no siempre se conseguía, produciendo problemas en el servicio, como los retrasos.

De ellos los más célebres fueron los de la línea París Estrasburgo, producido por las dificultades que suponía la muy conocida rampa de Bar le Duc de catorce kilómetros. En ella tenían que parase muchos trenes antes de llegar a su cima porque los maquinistas no habían previsto la producción de vapor suficiente. Además a la parada para dar presión se añadía la dificultad del arranque en rampa.
Pero en aquellos primeros tiempos, los accidentes más peligrosos al margen de los descarrilamientos eran los reventones de las calderas de las locomotoras. En la creación de los primeros ferrocarriles, los constructores de las locomotoras dejaron muchos problemas sin resolver y el punto más débil para que afloraran era la caldera de la locomotora.
Desde el inicio de la explotación ferroviaria y hasta 1890 se produjo un reventón de caldera por cada 640 locomotoras en Austria, uno por cada 330 en Francia, uno por cada 128 en el Reino Unido y uno por cada 74 en los estados Unidos.
En el caso concreto de Austria los reventones pasaron a ser uno por cada 1.800 locomotoras tomando en cuenta los 140 años de funcionamiento del vapor en aquel país, hasta 1978. Pudiéndose calcular una ratio que pasó del 0,16 al 0,06 por ciento.
La tecnología y los conocimientos de ingenieros y maquinistas convirtieron los reventones en fenómenos muy raros en los últimos años del vapor, si bien siempre espectaculares y muchas veces dramáticos, como el que probablemente fue el último reventón de caldera, el ocurrido en 1977 en Bitterfield en la República Democrática Alemana.



004-Los pìcaros de estaciòn.

Nº004


Normas para evitar engaños y timos a los viajeros

La llegada del ferrocarril cambió muchas costumbres y abrió un nuevo campo de actuación a los pícaros, esos personajes que, según el diccionario de la Real Academia Española, eran personas descaradas, traviesas, bufonas y de mal vivir y que simbolizan una de las creaciones más características de nuestra literatura. Los "pícaros" buscaban su fortuna en los puntos de mayor actividad de la ciudad. De ahí su afición a las estaciones ferroviarias.

Los pícaros en los siglos XVI y XVII eran habituales en embarcaderos y mercados de Sevilla, puerto que monopolizaba el tráfico hacia las Indias y años después. Ya en el siglo XIX, frecuentan las estaciones, donde se producían las aglomeraciones de los viajeros de este nuevo medio de transporte. La tradición continúa hoy en los aeropuertos, paradas de taxis y otros lugares frecuentados por los turistas. A tal extremo ha llegado esto en nuestro tiempo que algunos hoteles han resucitado el antiguo servicio de los ómnibus que iban a las estaciones a recoger a sus clientes y ahora lo hacen en los aeropuertos para evitar a sus clientes el riesgo de afrontar las asechanzas.
Debió ser una dura experiencia el aprendizaje de los nuevos modos de convivencia, a los que obligaba el viaje por ferrocarril. Aumentó el número de personas que salían y llegaban de las ciudades; hubo que organizar su traslado y el de los voluminosos equipajes de entonces y se produjo un auge de las profesiones relacionadas con el hospedaje y la manutención.
Al socaire de estos desplazamientos, en las estaciones aparecieron los que vivían del descuido y del engaño. En el famoso cuadro "La estación de ferrocarril", de W.P. Fritb, pintado en 1862, se muestra la estación de Paddington de Londres. Algunas familias apresuradas se dirigen al tren, otras charlan en animados corros y numerosos niños les acompañan. Los mozos se afanan con los equipajes y dos policías, tétricamente vestidos de negro de pies a cabeza, atrapan un delincuente ataviado con un Macferlan, escena que prueba esas presencias de que hablamos.
Al tiempo que se completaban las primeras líneas de ferrocarril, se establecían los servicios necesarios para trasladar a los viajeros desde las estaciones. No existían entonces servicios públicos y los desplazamientos debían hacerse a pie o en coches de alquiler. En la estación del Norte de Madrid existía también un servicio de ómnibus que hacía el recorrido desde dicha estación hasta la Puerta del Sol. Recorría la Cuesta de San Vicente, la Plaza de Oriente, las calles Santiago y Mayor, seguía luego por la Carrera de San Jerónimo, torcía por Cedaceros y Caballero de Gracia para entrar en Montera, desde donde concluía su viaje en la Puerta del Sol. En el número 9 se encontraba el Despacho Central de la empresa.
Era, como puede apreciarse, un recorrido muy corto, pero Madrid era entonces una ciudad pequeña, limitada por los altos de Chamberí, la vaguada de la Castellana y hondonada del río Manzanares. Los viajes no eran tan poco habituales, pero como contrapartida los desplazamientos llevaban aparejados innumerables bultos, baúles y maletas. El viaje era un acontecimiento en aquella sociedad en la que las vacaciones eran privilegio de unos pocos. Las tarifas eran muy elevadas, lo que las hacía inaccesibles para las clases más desfavorecidas. Cuando alguna familia se desplaza a otra ciudad lo hacía acompañada de sombrereras, maletas, sacos de noche y baúles, lo que hacía imprescindible a los mozos de cuerda y los de equipajes en las estaciones, tan habituales hasta hace pocos años.

Ómnibus

El viaje del ómnibus desde la estación del Norte hasta la Puerta del Sol costaba dos reales de vellón cada viajero durante el día y cuatro reales desde las 12 de la noche hasta las 6 de la mañana. Transportar un baúl o una maleta costaba cuatro reales durante el día y dos por la noche. Para las sombrereras y sacos de noche, los precios eran de cinco céntimos durante el día y un céntimo por la noche.
Existían también los coches de alquiler que estacionaban en el patio de la estación y que costaban hasta el domicilio, cualquiera que fuera la distancia, 16 reales de vellón durante el día y 32 entre las citadas horas de la noche. Una diferencia tan grande de precio se compensaba en cierta medida porque en estas calesas de alquiler podían llevarse gratuitamente hasta 80 kilogramos de equipaje, lo que demuestra una vez más la abundante intendencia que llevaban los viajeros. Rebasado ese peso, se cobraban dos reales por cada 10 kilogramos de más durante el día, y cuatro por la noche.

Reglamentos de patios

No debe extrañar que en aquellas circunstancias proliferara la delincuencia en las estaciones. Además de al descuido y al simple hurto, había otros géneros de picaresca que actuaba con el engaño.
Estas situaciones de inseguridad motivaron la intervención de las compañías, en concreto la del Norte y la de Madrid a Zaragoza y Alicante que aprobaron varios reglamentos, refrendados por la autoridad gubernamental, para controlar la entrada y estancia en los patios de las estaciones.

La compañía de M.Z.A. fue la primera que publicó uno de estos reglamentos en 1859, continuado por otro de 1865. Por su parte, la compañía del Norte elaboró otro reglamento, más amplio y explícito, asumido por el gobierno por una Real Orden con fecha del 14 de marzo de 1865. Respondía al título de "Reglamento para la policía y buen orden de los patios y muelles de la estación del Norte en Madrid".
Establecía condiciones muy estrictas para el acceso al recinto de cocheros, zagales y corredores de huéspedes y las justificaba la compañía para garantizar el orden del servicio de los carruajes que bajaban a la estación. Limitaba el mayoral que los conducía y el zagal que le acompañaba, las personas que podían ir en el citado carruaje y en el artículo 611 se conminaba expresamente que "por ningún motivo ni pretexto podrían los mayorales y zagales abandonar los pescantes de sus respectivos carruajes" obligación evidentemente penosa bajo el sol de agosto o los fríos de enero.
Añade la compañía que, permitiendo el libre acceso sería un peligro constante al establecerse una confusión en los patios y salidas de viajeros, lo que da ocasión a robos, engaños y estafas valiéndose de mil medios.
En concreto cita el engaño de la gorra. Por entonces, casi todos los ferroviarios debían usar uniforme o al menos una gorra con los distintivos de su cargo, aditamento que llevaban hasta los mozos de carga y descarga.
Argumenta la compañía que "estos pícaros de estación llevan (sic) generalmente gorras con franjas encarnadas como los mozos de la compañía para llamar la atención e inspirar confianza". "Cuando los viajeros (sic) o familias se dirigen (sic) a tomar los carruajes (sic) de las empresas que tienen su tarifa en el interior, se les interponen ofreciendo llevarlos a domicilio por 4, 6 u 8 reales, según les parece".
"Ante tal baratura (sic) dejan los carruajes de la empresa, cuyo domicilio son 16 reales con 80 kilogramos de peso, y ocupan los de los calseros. Ajustado de este modo, parte del carruaje y en vez de acompañarle el mozo que ha ajustado, éste se queda y va otro. Al pagar los viajeros lo convenido, se lo rechazan exigiéndoles (sic) lo que les acomoda, sosteniéndose la cuestión natural que termina por sacarles tres veces más de lo que vale el servicio porque el mozo interroga al viajero que si ha tratado con él y, como efectivamente, no fue con él con el que lo ajustó, no tienen más remedio que pagar".
Añade después el informe de la compañía que "estos mismos caleseros tienen casas de huéspedes donde llevan a los viajeros que no lo saben, y por una mala comida, sin pasar en la casa más que un par de horas, les cobran 4 y 5 duros".
Finalmente para evitar el engaño de las gorras, se establecía la norma que los conductores y zagales llevaran en sus gorras una franja de color diferente a la de los mozos de la compañía y además el número de su carruaje, con lo que se pretendía evitar la engañosa identificación de estas personas con las que pertenecían a la compañía ferroviaria.

La magia de las gorras

Este asunto del uso de las gorras merece aún una pequeña disgresión. Ya se ha indicado que este distintivo fue durante mucho tiempo el elemento diferenciador de las distintas categorías ferroviarias y al mismo tiempo prestaba una aureola de autoridad oficial a su portador. Eran los tiempos en que todo el mundo llevaba la cabeza cubierta. Las clases pudientes usaban el sombrero y las más modestas las gorras que en las profesiones jerarquizadas, como la ferroviaria, respondía además a una organización de disciplina de tipo militar.
El uso de la gorra sobrevivió al del sombrero. En Madrid, la llevaban los taxistas como símbolo profesional muchos años después de concluida la guerra civil. De esta manera, en aquellos tiempos de escasez, cuando apenas había coches particulares, el taxi complementaba el viaje que se hacía en tren. Por ello, floreció en las estaciones un pícaro parecido al que denunciaban las compañías en el siglo XIX. Con una gorra similar a la de los taxistas, esperaban la llegada de los trenes y nada más bajar los viajeros al andén ofrecían el servicio de taxi, que con el equívoco de la guerra, hacían suponer que él era el taxista.
El viajero aceptaba el ofrecimiento para asegurarse un taxi a la salida, sin saber que en los patios de llegada los vehículos se tomaban por riguroso orden. Cuando el pícaro de la gorra, seguido de los viajeros que habían contratado sus servicios, llegaba al patio se dirigía a los taxis que aguardaban guardando el turno correspondiente y abriendo la puerta del taxi que le correspondía.
Allí concluía su trabajo poniendo la mano para cobrar el servicio. El viajero descubría el engaño, pero no tenía más remedio que pagar porque el de la gorra había cumplido su promesa de proporcionarle un taxi.
Esta crónica de la picaresca de las estaciones podría abarcar otros muchos ejemplos, pero creo que los testimonios aportados muestran una realidad todavía vigente porque, como se decía entre los gallofas y la gente de vida airada: "todos los días entra un tonto por la Puerta de Toledo. Sólo se trata de encontrarlo".

003-Los Ferrocarriles del azùcar de Cuba.

Nº003


El primer ferrocarril construido en la Península Ibérica fue el Barcelona–Mataró cuya inauguración en 1848 vino a seguir el camino abierto el ferrocarril de La Habana-Güines abierto en 1837, como primer ferrocarril español, primero de Iberoamérica y primer “ferrocarril del azúcar“, líneas ferroviarias dedicadas al transporte de mercancías de las que Cuba llegó a tener varias.

Al contrario que en otros países de Europa, en España jamás se consideraron formalmente como colonias a sus territorios de ultramar. Los monarcas españoles usaban el título de Rey de las Españas y, a efectos políticos, los territorios ultramarinos tuvieron siempre una consideración similar a las de las provincias peninsulares.
Este esquema se hizo especialmente marcado tras la emancipación de los países de América del Sur con los territorios de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, cuya pérdida – sentida como la de algo propio y muy querido- en 1898 sumió en una profunda depresión a toda una generación de españoles.
En el caso de Cuba, conocida como “La perla del Caribe” o la “Siempre Fiel Isla de Cuba”, la relación con la España peninsular era fluida y de un peso económico importante. Cuba producía no solo café y tabaco, sino también, y sobre todo, la mitad de la caña de azúcar del mundo.
En torno a la caña y su transformación había surgido aun importante industria para la que el principal límite a su crecimiento era el transporte. Ya a finales del siglo XVIII los industriales buscaban fórmulas para facilitar el transporte y reducir sus costes de El transporte del dulce material desde el interior del país hacia los distintos puertos sería el origen de multitud de líneas férreas, y el caldo de cultivo en el que vendría a nacer el primer ferrocarril español e iberoamericano, el La Habana-Güines, inaugurado en 1837.
Un sevillano afincado en Londres, Marcelino Calero y Portocarrero, fue el primer promotor del debate sobre la idoneidad de utilizar el ferrocarril, el nuevo medio de transporte que nació en Inglaterra, en la isla de Cuba, como sustituto de los carros para el transporte de esos azúcares que eran el núcleo de la economía cubana.
Calero había conocido de cerca el éxito del novedoso sistema de transporte y escribió cartas a las autoridades cubanas en las que ofrecía su experiencia y servicios en caso de que se tomase la decisión de construir en Cuba una línea de caminos de hierro con carruajes de vapor.
Las cartas fechadas en Londres el 1, 15 y 24 de abril de 1830 estaban dirigidas al presidente, gobernador y capitán general de la Isla, Francisco Dionisio Vives y al presidente de la Real Sociedad Económica Patriótica de Amigos del País de La Habana.
Acompañándolas, Calero envío una memoria sobre su actuación en la constitución de una empresa para construir un ferrocarril desde Jerez de la Frontera hasta El Puerto de Santa María, Rota y Sanlúcar de Barrameda, sometido entonces aprobación real, y diversos textos técnicos sobre caminos de hierro, de los que era autor.
Estas cartas y documentaciones fueron a caer sobre un terreno abonado, el de los industriales y regidores de la Isla que se enfrentaban al problema del transporte y que hasta entonces no habían considerado la posibilidad de resolverlos mediante el ferrocarril.
En el mes de julio, por indicación del Gobernador Vives, la Sociedad de Amigos del País comienza a estudiar las ventajas que la construcción del ferrocarril podría traer a la industria azucarera y las ganancias que a toda la economía isleña traería la implantación de un camino de hierro entre La Habana y Güines. Asimismo, el gobernador recomendaba considerar la idea de Calero de establecer una empresa por acciones y la futura extensión del ferrocarril a otras zonas de la Isla.
El 22 de julio de 1830, en la sesión de la Sociedad de Amigos del País, se decide la creación de una comisión dedicada al estudio del camino de hierro, presidida por el gobernador e integrada por miembros de la propia Sociedad Económica, el Real Consulado y el Ayuntamiento. Además se nombra a Marcelino Calero socio corresponsal de la sociedad, encargado de allegar los capitales que permitiesen constituirla.

Inmediatamente cada institución elige a sus representantes y se establece esa Junta o Comisión que celebra sus sesiones entre agosto de 1830 y enero de 1831, fecha tras la cual las actividades relacionadas con el ferrocarril quedaron encargadas a la Real Junta de Fomento, Agricultura y Comercio de la Isla.
Precisamente en la última reunión de la Junta, el 23 de enero de 1831 se emite el dictamen que abre paso a la construcción del ferrocarril. Basándose en el análisis de las memorias encargadas a los ingenieros Francisco y Félix Lemaur y John L. Sullivan, y los estudios de las estadísticas de producción.
En él se concluye que entre La Habana y Güines podría construirse un camino de carriles de 20 leguas a un costo que no ascendería más allá de siete millones de pesos, siempre y cuando se emplearan pilares y solares de madera con planchuelas de hierro, a razón de 25.000 pesos la legua, sin considerar los gastos de construcción de puentes, almacenes, muelles, etcétera.
El transporte de los productos de la zona produciría unos 950.000 pesos anuales lo que dejaría ganancias suficientes para amortizar el coste de las obras, cubrir el mantenimiento y producir utilidades –dividendos- a los accionistas que según lo presupuestado deberían adquirir un total de 7.000 acciones de cien pesos cada una.
Durante los años siguientes se suceden estudios e informes, remodelaciones y rectificaciones que si bien mantienen la actividad en torno al ferrocarril deceleran notablemente los ímpetus iniciales para su construcción. La búsqueda de accionistas – era la primera sociedad por acciones en Cuba y para construir el primer ferrocarril- no tiene tampoco el éxito esperado
En julio de 1833, la Comisión de Caminos presentó ante la junta de Fomento un nuevo dictamen sobre el ferrocarril que venía a modificar algunos de los presupuestos iniciales. La construcción del ferrocarril no podría exceder de 1.400.000 pesos, debía de dar utilidades anuales de 200.000 pesos y producir 550.000 pesos de ahorro en concepto de conducción de frutos.
Así la junta de Fomento acordó solicitar autorización para abrir un emprestito de 1.500.000 pesos y la facultad de hipotecar el camino hasta que su explotación diese utilidades y proceder a realizar el trazado del camino y el levantamiento de los planos y perfiles exactos.

EL empréstito, tras su autorización, fue firmado con el comerciante londinense Alejandro Robertson. La cuantía total se cubrió con una emisión de 1.985 obligaciones o bonos al portador distribuidos en cuatro series de distinto valor nominal: 260 bonos de 500 libras, 720 de 250, 904 de 100 libras y uno de 50.
El empréstito se fijaba al seis por ciento de interés y el abono se establecía cada seis meses -los días cinco de marzo y septiembre- desde 1835, La liquidación del préstamo se concretaría el uno de enero de 1860 y el reintegro del capital comenzaría a pagarse desde 1839.
En caso de necesidad Robertson prestaría las cantidades necesarias para concluir el camino de hierro en los mismos términos y condiciones sin que se consideraran nuevo empréstito sino extensión del contraído.
Con esta aportación económica la decisión de empezar a construir una línea que uniera el puerto de la Habana con la zona de Güines para llevar hasta la costa la caña de azúcar que allí se producía era ya un hecho.
En marzo de 1835 se firmó el contrato de construcción con el cuerpo de ingenieros estadounidenses que formaron la dirección técnica, encabezados por Alfred Cruger y Benjamin Wright y en marzo comenzaron las tareas de explanación y construcción. Así la línea de ferrocarril de La Habana a Güines, la primera de España e Iberoamérica inauguraba su primer tramo de 17 millas, entre La Habana y Bejucal el 19 de noviembre de 1837.

Otros ferrocarriles

Pero a pesar del optimismo reinante tras la inauguración, enseguida empiezan a aparecer las primeras dificultades. Las locomotoras construidas por John Braithwaite en Inglaterra basadas en las de Robert Stephenson eran ineficientes y difíciles de mantener.
En menos de un año cuatro de las ocho existentes estaban fuera de servicio y en 1838 los directores de la compañía deciden importar de Filadelfia unas locomotoras nuevas construidas por Mathias W. Baldwin. El resultado fue espectacular y las ventajas de un transporte rápido, barato y eficiente frente a uno anticuado, incómodo y no siempre seguro hace que muchas otras zonas productoras de caña empiecen a plantearse la conveniencia de tener su propio ferrocarril.
La Junta, construido el ferrocarril, empieza a tener disensiones en su seno y todo desemboca en la venta la línea. Después de largas negociaciones se forma una compañía en La Habana, en 1842, que se queda con propiedad de la línea. Su capital estaba suscrito enteramente con dinero cubano y se llamó Compañía de los Caminos de Hierro de La Habana.
También se formaron otras compañías con participación de capital español, muchas de ellas cerca de la zona de Matanzas cuyo puerto era uno de los de mayor actividad de la Isla en el negocio de la exportación del azúcar.
Otras líneas fueron apareciendo con el correr de los años como el Ferrocarril de Guantánamo (1877), el de San Cayetano a Viñales (1888), o el Ferrocarril y Depósito de Santiago de Cuba de 1861. La idea de unir la ciudad de Santiago con el puerto de la Habana fue un sueño desde los inicios de estos proyectos que no se pudo hacer realidad hasta 1901.
Las consecuencias del desarrollo ferroviario en Cuba fueron espectaculares. Pequeñas villas se convirtieron pronto en ciudades y nuevos puertos tuvieron que hacerse para poder almacenar toda la mercancía que llegaba del interior llegando a ser el país con mas densidad de líneas férreas (749 metros de línea por cada 1.000 habitantes seguida por Inglaterra con 736 m por cada 1.000). Tras la pérdida de la Isla, en 1898, fueron capitales estadounidenses los que van a seguir con la financiación de los ferrocarriles cubanos durante 61 años.

002-Pedro Ribalta, revisor de M.Z.A. y precursor del sindicalismo ferroviario.

Nº002


Firmó en 1912 la huelga más importante ocurrida hasta entonces

Los ferroviarios españoles crearon en los últimos años del siglo XIX algunas sociedades de resistencia y promovieron algunos conflictos¡ pero no tuvieron verdadera fuerza como colectivo laboral hasta que se organizaron en 1909¡ a la sombra de la Casa del Pueblo¡ en la Unión Ferroviaria.

En esta situación de auge del movimiento obrero ferroviario nos encontramos con la figura de Pedro Ribalta, un revisor de M.Z.A., cuya primera actuación llamativa conocida es el envío, con fecha 31-10- 1910, de una carta anónima al Presidente del Consejo de Ministros, José Canalejas, con el ofrecimiento, eso sí, de identificarse si a través de la prensa le garantizaba que no sufriría represalias de la Compañía.


En este escrito exponía las injusticias sufridas por los ferroviarios y el malestar reinante entre los mismos, y explicaba que tenía confeccionado un extenso programa sobre las justas reivindicaciones de este personal. Confiaba, asimismo, en que serían tomadas medidas para mejorar la condición de estos obreros, que querían mantenerse independientes de cualquier partido político, pero que podrían verse obligados por las circunstancias a unirse a partidos extremos.


Este escrito, como era de prever, no obtuvo contestación y Ribalta lo dio a conocer, junto con su programa, en la revista "Adelante", a partir de marzo de 1912, bajo el seudónimo de Juan Buscam. Al hacer público su anónimo, Ribalta dice que la Unión Ferroviaria "es la que nos ha de dar las mejoras que necesitamos", pero a renglón seguido indica que tal como están constituidas las secciones "no iremos a ninguna parte", y que piensa publicar un reglamento para la misma, pues el que está en vigor "es como la carabina de Ambrosio".


En concordancia con estas manifestaciones, la Sección Catalana venía funcionando autónomamente, por no estar de acuerdo con algunos puntos de los estatutos y defender ideas tales como la de no ser necesarias las cajas de resistencia, y la conveniencia de invertir en acciones de las Compañías para poder llegar a formar parte de los Consejos de Administración de las mismas.


Dada esta situación, La Sección Catalana no fue convocada para participar en el 1 Congreso Nacional Ferroviario, que se iba a celebrar a partir del 24 de junio de 1912. Pero la dirección de "Adelante" consiguió poner en contacto a Ribalta y al presidente de la Unión Ferroviaria, Vicente Barrio, y la Sección Catalana pidió formalmente, y obtuvo, su ingreso en la Unión Ferroviaria y participó en el Congreso.


Los dos acuerdos fundamentales de este Congreso fueron la transformación de la Unión Ferroviaria en la Federación Nacional de los Ferroviarios Españoles y la aprobación de las bases o peticiones a formular a las Compañías. Estas peticiones, fueron enviadas a las mismas por el Comité Nacional, el 20 de julio, sin dar plazo para contestar.


Pero la Sección Catalana se mostró enseguida inquieta y con fecha de 29 de julio remitió carta a las otras secciones de la Federación mostrando su disconformidad con la forma en que habían sido enviadas las peticiones y solicitando su apoyo para el caso de "exigir y no implorara" la inmediata contestación de las Compañías.


Al tener conocimiento de esto, el Comité se dirigió a las secciones haciendo ver que había actuado según lo acordado y que el proceder de la Sección Catalana era incorrecto, al dirigirse directamente a las otras secciones. La tensión entre los catalanes siguió subiendo y el 6 de septiembre celebraron una asamblea, en la que acordaron formular nuevas peticiones a la Compañía M.Z.A. y darla un plazo de 8 días para contestar, y si no se recibía contestación o esta no era satisfactoria, ir a la huelga.


Tras estos acuerdos, se precipitaron los hechos, en los que Ribalta, presidente de la Sección, es uno de los principales protagonistas y aparece enigmático y contradictorio, quizá desbordado por las bases y arrastrado más allá de donde, en principio, pensaba llegar. Así el Gobernador de Barcelona, en carta dirigida el 13 de septiembre al director de M.Z.A., Eduardo Maristany, opina que Ribalta no quiere la huelga, aunque la masa, en general, de los ferroviarios catalanes tenía como una ilusión infantil ir al paro, y que el mejor instrumento para llegar a una transacción sería este hombre.


Más adelante el gobernador añade: "Ribalta tiene su amor propio comprometido en que las concesiones que hagan las Compañías sean a la Red catalana en vez de a la Unión General de Ferroviarios, y hasta llegó a decirme, y esto se lo digo con la mayor reserva, que de este modo esta Unión General Ferroviaria sería quebrantada al ver sus afiliados que otros recibían más positivo resultado que ellos, y que, por consecuencia, se quebrantaría la conjunción republicano- socialista a que aquella Unión Ferroviaria pertenece".


Luego Ribalta formará parte de la comisión que viajó a Madrid el 14 de septiembre para tratar de parar el movimiento huelguístico en marcha, y se entrevistó con el ministro de Fomento y con el propio presidente del Gobierno, sin que consiguieran llegar a un acuerdo. En la prensa de esos días se puede leer que Ribalta estaba decidido a declarar la huelga y que había manifestado que solos o acompañados irían a ella si no se les daban las debidas satisfacciones.


Hay que destacar, por otra parte, que el Comité Nacional de la Federación de los Ferroviarios estaba en contra de que los catalanes se declarasen en huelga, por considerarlo prematuro y porque, en todo caso, la decisión debía tomarla el Comité. Por ello, pidieron a las secciones que si la Catalana se dirigía a ellas, la hiciesen ver la improcedencia de su actuación y la conveniencia de atender los consejos del Comité. Posteriormente, el 17 de septiembre, cuando ya había sido hecho el anuncio oficial de la huelga, en entrevista mantenida por los miembros de la Comisión con los del Comité, estos trataron de disuadir a aquellos de sus propósitos, pero Ribalta manifestó que el personal de la Red catalana estaba muy excitado y deseoso de ir a la huelga y que sería muy difícil contenerlo. Ante ello, los del Comité pidieron que el paro se circunscribiera a la Red Catalana, y al día siguiente enviaron una circular a las otras secciones para que se dirigiesen a la catalana pidiendo que dejasen en suspenso su acuerdo de huelga.


Al final tras los últimos intentos de llegar a un acuerdo, Ribalta firmó la orden de huelga, que comenzó a las 24 horas del 24 de septiembre y desencadenó una dinámica que llevó a la declaración oficial de huelga general ferroviaria. Duró hasta el 5 de octubre, día en el que, ante la promesa del Gobierno de enviar a las Cortes un proyecto de Ley para atender las aspiraciones razonables de los ferroviarios, los huelguistas acordaron volver al trabajo el día 7.


Por lo que a Ribalta se refiere, 6 meses después de estos hechos fue despedido por la Compañía, la cual mediante una circular de 24 de marzo de 1913, quiso dejar claro ante el personal que la resolución tomada con respecto a su compañero nada tenía que ver con los sucesos de septiembre y octubre de 1912, que habían sido "liquidados", como lo probaba el ascenso de Ribalta y que su cambio de destino se había hecho de forma que no se le perjudicaba en sus emolumentos.


Pero su actuación, escribiendo bajo un seudónimo bien conocido, artículos que atentaban a la disciplina y al prestigio de los jefes, "como el que no tiene más fin que exaltar su propia personalidad, sirviéndole de pedestal todo el personal". Sus grandes aspiraciones en el orden político, espontáneamente manifestadas al Subdirector de la Red. catalana, quien había llegado a comprender que Ribalta "sólo consideraba su actual posición como medio de adquirir la suficiente po-pularidad en los partidos avanzados y obtener una representación de Cortes". Sus mítines en Granollers y La Barceloneta, había hecho imposible mantener la situación.



001-El Real Decreto Subercase que inició la historia ferroviaria

 
Nº 001

Primer texto jurídico de naturaleza ferroviaria

Las primeras iniciativas ferroviarias datan de los últimos años del reinado de Fernando VII. Al comerciante gaditano, José Díez Imbrechts, le corresponde el honor de ser el primer español que solicitó un privilegio exclusivo para construir una línea ferroviaria entre Jerez y Portal. Por su lado, la Diputación Provincila de Vizcaya, bajo el influjo de su clase comercial, desarrolla la idea de construir una línea ferroviaria que una a Bilbao con Burgos; y Francisco Fasio obtiene, igualmente, respuesta positiva para construir una línea entre Tarragona y Reus. Estos intentos frustrados convirtieron a Cuba en el primer territorio español en contar con un ferrocarril. El 19 de noviembre de 1837 se inauguraba, como satisfacción directa de las necesidades comerciales de la isla, un primer tramo de 17 millas -entre La Habana y Bejucal- de la que sería no sólo nuestra primera línea ferroviaria, sino también el primer ferrocarril iberoamericano, la línea La Habana-Güines.

Decreto
Estas iniciativas fueron protagonizadas por una serie de promotores individuales encuadrados en la burguesía liberal, que encontraron en el ferrocarril, quizá adelantándose a las posibilidades reales del momento, un excelente instrumento para mejorar sus respectivas economías. A pesar de no concretarse en acciones reales, estas iniciativas particulares eran paradigma de una nueva forma de entender la sociedad, que identificó, como nos plantea el profesor Tortella , a este nuevo sistema de transporte como un "instrumento de la prosperidad nacional y -como un- símbolo de modernización". La inestabilidad política que presidió la historia española en estos años, la inexistencia de un marco jurídico en el que encuadrar a este nuevo fenómeno y la escasez de recursos financieros son las razones que explican que hubiese que esperar hasta 1844 para que se promulgase la primera disposición legislativa sobre materia ferroviaria.
Este texto tuvo su origen en un proyecto elaborado por tres ingenieros -Juan Subercase, Calixto Santa Cruz y José Subercase-, quienes se remitieron -según Sesús Moreno- a transcribir literalmente los pliegos de condiciones de las líneas francesas Rouen-El Havre y Orleáns-Burdeos- y de la línea belga Sambre et Meuse. La Reral Orden adquiere, en cualquier caso, una decisiva importancia histórica ya que fijó las condiciones generales de la explotación ferroviaria española hasta la nacionalización de las compañías privadas en 1941.
Su primera aportación residió en el mecanismo elegido de ejecución y explotación ferroviaria, la concesión, que hizo compatibles dos cauces diferentes: la iniciativa privada y la intervención pública. Aunque el transporte ferroviario fue considerado de manera inmediata como un servicio público, cuya tutela correspondía directamente al estado con el objeto de salvaguardar los intereses generales ante los particulares, este principio no pasaba de ser un eufemismo que escondía la adaptación de la secular voluntad intervensionista del Estado a una estrategia política, soportada por la oligarquía terrateniente (formada por la aristocracia terrateniente y la burguesía agraria -recientemente creada por el proceso desamortizador-) y las burguesías extranjeras (especialmente la británica y la francesa), para conducir la economía española bajo principios capitalistas. Por otro lado, la incapacidad financiera pública, dentro de una corriente ideológica dominante de corte liberal nada proclive a intervenir en la economía, llevó al Estado a utilizar un mecanismo que, protegiendo sus intereses, permitiese a los particulares participar directamente en el nuevo negocio.
La concesión suponía en sí una relación contractual entre un particular y el Estado para construir y explotar una línea ferroviaria determinada bajo una serie de condiciones particulares, que, en general, terminaron convirtiéndose en universales. Entre las competencias públicas cabe destacar, por su mayor relevancia, que la determinación de las condiciones técnicas generales, la decisión de apertura de las líneas y el control tarifario son potestades del Estado.
Por otro lado, resulta muy conveniente recordar que entre las condiciones contractuales que recogía la concesión destacan por su decisiva trascendencia: la atribución a los concesionarios de una serie de beneficios fiscales -franquicia aduanera para la importación d los equipos e instalaciones-; y las subvenciones atorgadas por los kilómetros de red construidos. Aunque este mecanismo de desarrollo ferroviario resulta todavía una cuestión muy polémica, lo cierto es que fue más que suficiente para garantizar la construcción de nuestra red ferroviaria y su explotación hasta los años veinte de este siglo, ya que entre 1844 y 1846 se produjeron 25 concesiones, de las cuales se construyeron, finalmente, doce línea de ancho normal y una línea de vía estrecha.

Seis pies

En segundo lugar, dentro de una serie de normas universales que buscaban unificar los criterios técnicos de la red -las condiciones de arte- se optó por un ancho de vía -los seis pies castellanos- diferente al que se había impuesto en el continente europeo. Esta decisión la tomo la Comisión al entender que la irregular orografía peninsular únicamente podía ser salvada con un ancho de vía mayor, ya que la potencia de las locomotoras dependía de sus dimensiones físicas más que de sus características tecnológicas. Lo cierto es que este argumento no contaba con ninguna base, y se debió más a la propia desconexión de los comisionados respecto a los adelantos técnicos, lo que les impidió conocer el gran y rápido avance tecnológico de las locomotoras, que a otro tipo de razones. La cuestión sigue siendo muy polémica, acentuada además por la absurda idea que atribuye este ancho a un deseo de impedir invasiones extranjeras.

En su momento esta decisión no provocó ninguna reacción de los políticos, técnicos y comerciantes, y aunque se utilice la crítica más benévola, si se tiene en cuenta dos reflexiones más -la inmensa mayoría de la red europea estaba construida en un ancho menor y casi el 60 por 100 del comercio exterior español se realizaba con Francia, Gran Bretaña y Alemania- no se puede calificar sino como un error gravísimo sin parangón en nuestra historia. En definitiva, en una coyuntura histórica en la que se presenta el ferrocarril como el mejor instrumento de prosperidad económica para alcanzar el mismo desarrollo que los países más adelantados y en el que el transporte viario (con poderosas limitaciones estructurales) y el marítimo (reducido casi al cabotaje) no ofrecían posibilidades reales de desarrollo resulta incompresible como los sectores más dinámicos y, por ende, más interesados en contar con un sistema de trasporte eficaz no mantuvieron otra actitud que un silencio cómplice. En esta interrogante, la elección del ancho cobra su sentido histórico de la secular vocación hispana a encerrarse en sí misma, surgiendo como consecuencia directa una renuencia a la concurrencia internacional, o, en su versión narcisista, un desprecio de lo exógeno; y, como consecuencia de ello, un recurso sistemático a la protección estatal como única forma de resolver los problemas. "En la España del siglo XIX no faltaban los empresarios mientras sus beneficios estuviesen asegurados por el Estado, sobre todo merced al arancel (...) Mi principal hipótesis ha sido que una sociedad que desde el siglo XVI se congeló en una ortodoxia impuesta que reprimió sistemáticamente el pensamiento original y la libertad de acción en busca de la felicidad terrena acabó encontrándose tres siglos más tarde, sin una clase empresarial competitiva y dinámica".
Al margen de estas consideraciones críticas, necesarias si se aborda el tema desde una perspectiva histórica, la Real Orden se mostró como un instrumento legislativo que además de encauzar los primeros pasos del ferrocarril en nuestro país, también fijó las ideas básicas que permitieron su posterior desarrollo hasta culminarse la red ferroviaria. Sin pretender en modo alguno una evaluación exhaustivo, sí resulta conveniente rescatar de entre los decisivos beneficios que aportó el nuevos sistema de transporte, dos de sus más inmediatas aportaciones.
Por un lado, frente a una estructura de transporte que no había conocido modificaciones sustantivas desde mediados del siglo XVIII y que se encontraba en un claro cuello de botella, el ferrocarril redijo radicalmente los tiempos de transporte ya que, como se observa en el cuadro adjunto, los dos días y medio que se tardaba en comunicar Madrid son San Sebastián, por citar el mejor caso, se redujeron con el ferrocarril a poco más de veinte horas.
Por otro lado, el ferrocarril comunicó entre sí a todos las regiones, permitiendo, así, la cristalización de un mercado nacional, base inmediata de una economía capitalista.



domingo, 8 de abril de 2012

000-Aperitivo sobre la historia del ferrocarril en España.


Nº000



Breve historia del ferrocarril en España. 

El primer ferrocarril español, se construyó en la Isla de Cuba, perteneciente a la corona Española, para transporte de Caña de Azúcar al puerto de La Habana. Esta línea se construyó entre 1835 y 1837 cubriendo el trayecto entre La Habana y Bejucal. En la península no fue hasta el año 1848 cuando se construyó la primera línea que cubría el trayecto entre Barcelona y Mataró.

Fue el 15 de Marzo de 1847 cuando se obtuvieron todos los permisos para poder construir la línea Barcelona-Mataró. Esta línea se acabó de construir el día 20 de Octubre de 1848 y que se inauguró oficialmente ocho días después (28 de Octubre de 1848).

La línea la construyó el contratista Joseph Locke junto al litoral, tuvo que construir un túnel (el primero de España) en la población, y el ancho de vía que se eligió es el de seis pies castellanos, equivalentes a 1'672 metros. Se decidió esta medida debido a que con ella no se necesitaban locomotoras de mayor potencia para circular por la superficie española.Para este ferrocarril se utilizaron 4 locomotoras 1-1-1 (Mataró, Barcelona, Cataluña, Besós) que costaron dos mil libras esterlinas y un suplemento de doscientas libras por tender.

Se realizaron diversas pruebas para acondicionar la línea y en ellas se tardó en realizar el trayecto de ida (Barcelona - Mataró) en 58 minutos y el trayecto de vuelta lo recorrió en 48 minutos. El día de su inauguración el tren se componía de 24 coches con una capacidad para unos 900 viajeros. Como el trayecto obtuvo una gran acogida, en días posteriores, se incrementó el número de vagones en el tren llegando hasta los 35 vagones con una capacidad máxima de 1900 viajeros.

El segundo ferrocarril que se construyó en España es el de la línea Madrid-Aranjuez cuyos planos se realizaron en 1844 por el ingeniero Don Pedro de Lara. Los planes eran de construir una línea de ferrocarril de 49 kilometros desde Madrid hasta Aranjuez y mas adelante unir la línea con Albacete, para terminar su recorrido en la provincia de Alicante. Pero Don Pedro de Lara decidió abandonar el proyecto, incluso teniendo las licencias de construcción concedidas, ya que ningún organismo oficial le apoyaba.

La construcción de esta linea se comenzó en Mayo de 1846 por el político y financiero Don José de Salamanca que retomó el proyecto anteriormente citado. Pero debido a las obligaciones políticas de Don José de Salamanca, el proyecto se paralizó en 1847. Dicho político, en 1849, retomó el mando de la construcción de la línea que acabó siendo inaugurada el día 9 de Febrero de 1851 por la reina Isabel II.

Las locomotoras que fueron utilizadas en esta línea fueron seis del constructor ingles Stothert, Slaugther & Cª de Bristol y que costaron 15.000 libras. A parte se compraron otras cuatro locomotoras a la constructora Belga Societé Saint Leonard de Lieja con un coste de 59.800 francos. Las locomotoras eran de alta presión y expansión variable, pudiendo llegar a 5 atmosferas. Tenían una potencia de aproximadamente 186 caballos y la velocidaddad máxima que podía alcanzar es de 32 Km/h.

En Julio de 1854 entró en funcionamiento de la línea de Barcelona a Granollers, un recorrido de 29 kilómetros, en el que se usaron por primera vez traviesas metálicas 8especie de conos donde se apoyaba el rail y que estaban unidos con una barra metálica). Por esas fechas también se construyó el ferrocarril de Barcelona a Molins de Rey, prolongandose en 1859 hasta Martorell. También en el año 1854 se construyó el ferrocarril que unia la provincia de Valencia con Jativa, con 56 kilómetros.

A partir de estas fechas, el ferrocarril ha ido evolucionando.



Un pequeño resumen por años para que sirva de guia.



AÑO DESCRIPCIÓN

1769 James Watt presenta la primera máquina de vapor

1803 Richard Trevithick construye la primera locomotora de vapor sobre raíles como atracción de feria en Londres

1825 Primer ferrocarril del mundo entre Stockton y Darlington, Gran Bretaña

1829 Primer récord mundial de velocidad con locomotora de vapor Rocket: 48 Km/h (Gran Bretaña)

1837 Primer ferrocarril español, en la línea La Habana-Guines (Cuba)

1844 Los ingenieros Subercase y Santa Cruz proponen el ancho de vía español, seis pies castellanos

1848 Primer ferrocarril peninsular: Barcelona-Mataró (28 Km), promovido por Miguel Biada

1851 Madrid-Aranjuez. Primer tramo de una de las líneas radiales

1852 Se inaugura el primer ferrocarril de vía estrecha: Langreo
Primer récord español de velocidad con locomotora de vapor 1-1-1: 120 Km/h

1853 "La Española", primera locomotora de vapor construida en España

1854 Inauguración del tramo Barcelona-Granollers y Játiva-Valencia.

1855 Fundación de la Maquinista Terrestre y Marítima

1856 Se crea MZA. Compañía de ferrocarriles Madrid a Zaragoza y Alicante.

1857 Se prolonga la línea de Barcelona-Mataró hasta Areyns de Mar.

1858 Se constituye la compañía de ferrocarriles del Norte.
Aparece la línea entre Madrid y Alicante.

1859 George Pullman construye el primer coche-cama.
Se inaugura el tramo Cordoba-Sevilla.
Se prolonga la línea de Barcelona-Mataró entre Areyns y Tordera.

1860 Norte inaugura sus talleres de Valladolid que en la actualidad continúan prestando servicio

1862 Se inaugura la estación de Miranda de Ebro.

1863 Los reyes de España inauguran el ferrocarril Madrid-Zaragoza.
Se inaugura el ferrocarril de Sarrià en Barcelona
El tren español llega a Portugal

1864 Se inaugura la línea Madrid-Irún.

1869 Primer cremallera del mundo
Inauguración del ferrocarril minero de Tharsis al puerto de Huelva.

1872 Primer ferrocarril urbano en Jerez de la Frontera para transportar vino.

1874 Norte adquiere la línea Alar del Rey Santander.

1875 MZA se expande en Andalucía y Extremadura.

1876 Se abre la línea Guadajoz-Carmona.

1877 Se constituye la Compañía de Ferrocarriles Andaluces.

1878 En la línea de Valls a Vilanova y Barcelona se utilizan coches americanos

1879 Se inaugura la línea Madrid-Ciudad Real.
Werner von Siemens construye la primera locomotora eléctrica

1880 Se constituye la compañía Madrid-Caceres-Portugal.
Inauguración de las estaciones de Huelva, San Sebastián y Madrid Delicias

1881 Inauguración de la línea Madrid-Lisboa.

1883 Inauguración del Orient Express

1885 Inauguración de la línea Valencia - Liria

1887 Conexión con el Sudexpreso entre París- Madrid y Lisboa.

1888 Se construyen las primeras locomotoras de ancho español para el ferrocarril de Barcelona-Sarrià.

1889 MZA absorbe el ferrocarril Tarragona-Barcelona-Francia (TBF)

1892 Se construyó la estación de Madrid Atocha

1895 Película de los hermanos Lumière, "Llegada de un tren a la estación de Ciotat"

1896 Se inaugura la estación de Medina del Campo.

1901 Se inaugura el funicular del Tibidabo en Barcelona. Y el Tranvía Blau.
Se abre la estación de Sevilla Plaza de Armas

1903 Primer récord mundial de velocidad con Automotriz eléctrica Siemens. 210 Km/h (Alemania)

1904 Se inaugura el Transiberiano entre Moscú y Vladivostok. 9.297 Km.

1905 Túnel del Simplon en Suiza, con 19,49 Km, el más largo del mundo
Un pequeño tramo del ferrocarril de Sarria Barcelona comienza a electrificarse.

1906 Se acaba de construir la estación de Valencia-Norte.

1907 El estado construye la línea de Betanzos a Ferrol.

1908 Primera experiencia de tracción diesel en la línea Aznalcóllar-Guadalquivir

1909 Entran en servicio las locomotoras Consolidation en la empresa del Norte

1910 Inauguracion de Veriña-Aboño

1911 Primera locomotora diesel en Alemania
Primera electrificación en España: Gergal-Santa Fé con corriente trifásica

1913 Inauguración del tranvía de Soller.
Incorporación a la empresa Norte de máquinas Mikado.
Creación de la empresa Creación Auxiliar de Ferrocarriles (C.A.F.)

1918 Constitución de Sociedad Española de Construcciones Babcock Wilcox en Bilbao

1919 Se inaugura el Metro de Madrid con una línea de 3.480 metros

1922 Euskalduna empieza sus actividades

1924 Entra en funcionamiento el Metro de Barcelona

1925 Se electrifica el Puerto de Pajares con corriente contínua de 3.000 V
La compañía Cinco Casas a Tomelloso ponen en marcha el primer automotor térmico.
Norte y MZA introducen las locomotoras del tipo 241, las primeras de estas
características que circularon en Europa.

1928 Se crea la Compañía Nacional de los Ferrocarriles del Oeste con líneas como Madrid-Cáceres-Portugal.

1929 Se electrifica la línea Alsasua Irún.

1930 Entran en servicio las locomotoras Pacific 2-3-1.

1931 Inauguración del cremallera de Nuria
Primer récord mundial de velocidad con automotor diesel con hélice 230,23 Km/h

1932 Enlace de la estación de Vilanova con Plaza Cataluña

1935 MZA recibe de MTM los primeros tractores diesel de España
Primer récord español de velocidad con locomotora diesel: 140 Km /h

1938 Se constuye la línea Tarancón a Torrejón y posteriormente se desmonta.
Último récord mundial de velocidad con locomotora de vapor Mallard Pacific: 202,8 Km/h, en Gran Bretaña

1939 Efectos devastadores de la Guerra Civil Española.

1941 Se constituye Renfe

1942 Llega la primera de las 22 locomotoras Santa Fe, las únicas de cinco ejes acoplados que han existido en España y las de mayor peso, 213 toneladas.

1943 Inauguración de la línea Santiago-La Coruña

1944 Talgo construye su tren Talgo I alcanzando los 135 Km/h
Incorporación de las locomotoras 275 y 276.
Electrificación del tramo Madrid-El Escorial - Cercedilla.

1945 Electrificación del tramo El Escorial Avila.

1946 Electrificación del tramo Cercedilla a Segovia.

1947 Inauguración de Cuenca-Utiel.
Constitución de Material y Construcciones, S.A. (Macosa)

1948 Conmemoración del centenario del ferrocarril en España.
Puesta en servicio de la electrificación Barcelona-Mataró.
Nueva estación de Bilbao Abando.
División de Renfe en 7 Zonas.

1949 Inauguración del tramo Balaguer-Selles.
Electrificación de Torre del Bierzo a Brañuelas.
En servicio las locomotoras 350 para remolcar los Talgo II.

1950 El Talgo II inicia sus servicios entre Madrid e Irún

1952 RENFE adquiere locomotoras 242 del tipo 1-4-1 Mikado.
Llegan las locomotras eléctricas 272
Llegan los automotores TAF
Inauguración de la línea Zamora-Puebla de Sanabria

1953 MTM inicia la entrega de los tractores diesel de maniobras de la serie 10.300
Se ensaya el carril soldado y la traviesa de hormigón

1954 Circula por primera vez la locomotora "Marilyn" (serie 1.600)
Llegan las locomotoras eléctricas americanas de la serie 278

1955 Llegan a España las primeras locomotoras diesel serie 316 y los tractores 305
Llegan las locomotoras de Vapor Confederación.
Último récord español de velocidad con locomotora de vapor Confederación: 140 Km/h
Electrificación de León-Brañuelas, Oviedo-Trubia y León-Busdongo

1957 Electrificación de Despeñaperros

1958 Inauguración de la línea Zamora-La Coruña
Llegan las locomotoras diesel 318 y los automotores eléctricos de la serie 600 ("suizas")

1960 Se completa la electrificación de Alcázar a Córdoba

1961 Renfe recibe la locomotora de vapor 282-0430, la última construida en España.
Llegan los tractores diesel de la serie 301

1962 Electrificación Ponferrada a Monforte.
Llegan los tractores diesel de la serie 307

1963 Electrificación de los tramos Madrid-Alcázar y Gerona-Portbou.
Llegan las locomotoras eléctricas bi-tensión de las serie 10.000

1964 Comienzan a funcionar en Japón los Shinkansen, trenes de alta velocidad
Estreno de los Talgo III y los TER, Ferrobus y locomotoras serie 352

1965 Constitución de los Ferrocarriles de Vía Estrecha (FEVE)
Incorporación de las locomotoras 321 y 319.
Electrificaciónde los tramos Castillejo-Toledo, Venta de Baños-Irún y Palencia-Alar
Renfe inicia su servicio de literas
Se suprime la tercera clase en los principales trenes
Primer cierre de líneas

1966 Incorporación de las locomotoras 304 y 308.
Electrificación de Ávila a Venta de Baños y de Medina a Hontanares

1967 Llegan las locomotoras diesel 340, las eléctricas 279 y los ferrobuses de la serie 400.

1968 Llegan las locomotoras diesel 353, las unidades eléctricas de la serie 439.
Electrificación de Venta de Baños a Miranda.
Desaparece definitivamente la tracción vapor-carbón en Renfe.
El Talgo cubre el servicio directo entre Madrid y París

1969 Empieza a funcionar Madrid-Chamartin y deja de funcionar Madrid-Delicias
Entran en servicio las locomotoras de la serie 289

1971 Inauguradas las variantes de Cáceres, Gobantes y Redondela.
Incorporación de los electrotrenes 432.

1973 Llegan las locomotoras de la serie 269
Electrificación de la línea Valencia - Tarragona.

1974 Llegan las locomotoras diesel 333 y las unidades eléctricas 440

1975 Inauguración de la línea Málaga-Fuengirola
En el depósito de Vicálvaro, se apaga la última locomotora de vapor

1976 Inauguración de la línea Aluche-Móstoles
Electrificación de las líneas Sevilla-Cordoba, Miranda-Zaragoza, Reus-Roda, Espeluy-Jaén
Se empieza a probar el electrotrén basculante de la serie 443
Inauguración de la estación de Zaragoza El Portillo

1977 Inauguración de la estación de mercancías de Sevilla-La Negrilla

1978 Último récord mundial de velocidad con locomotora diesel. Talgo III: 230 Km/h. España

1979 Electrificación de las líneas de Alcazar-Chinchilla, Chinchilla-Játiva, Córdoba-Málaga, y de la línea Guadalajara-Torralba.
Creación de Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya (FGC).

1980 Primera mujer jefe de estación de FEVE en Perlora
Entra en funcionamiento el primer Talgo Pendular entre Madrid y París
Llegan los electrotrenes de la serie 444

1981 Primer tren de alta velocidad, TGV, entre París y Lyon
Electrificación de la línea de Madrid- Barcelona

1982 Llegan las locomotoras eléctricas de las series 251 y 250, los automotores de la serie 593 y 592 y la reconstrucción de la serie 319.
Constitución de Eusko Tren Bideak, actualmente denominada Eusko Tren.

1983 Incorporación de las locomotoras diesel-hidráulicas de la serie 354.
Electrificación de Cañabal a Puzol.

1984 Primera temporada del Tren de la Fresa. Junto con el Transcantábrico, el Tren de Sóller y el Al Ándalus son los más emblemáticos trenes turísticos españoles
Inauguración del tramo Laguna-Aluche

1985 Se suspende el servicio en 900 Km de líneas
Entra en servicio el prototipo de la locomotora 311.

1986 Entran en servicio los tractores de la serie 309.

1987 Aprobada la línea de alta velocidad de Brazatortas Córdoba
Llegada de los electrotrenes de la serie 444-500 y talgos de gran clase
Primer récord español de velocidad de locomotora eléctrica Electrotrén basculante: 206 Km/h

1988 Acuerdo para recibir 4 trenes AVE y 75 locomotoras de gran potencia .

1989 Se coloca el primer tramo de vía de la linea del AVE
Llegan las unidades de tren serie 446 y las locomotoras de maniobras 310.

1990 Último récord mundial de velocidad con locomotora eléctrica: 515,3Km/h TGV Atlántico en Francia
Renfe adopta el modelo de gestión en el que aparecen las unidades de negocio.
Comienzan a circular trenes de la serie 450. Y locomotoras diesel mixtas de la serie 311

1991 La locomotora 269.601 alcanza la velocidad de 241Km/h, record en tracción eléctrica de ancho iberico.

1992 Comienzan a circular las locomotoras eléctricas de la serie 252
Se inaugura la línea de alta velocidad entre Madrid y Sevilla

1993 Llegan las locomotoras diesel de la serie 319-200, las unidades eléctricas 447 y 451
Último récord español de velocidad con locomotora eléctrica AVE-15: 356,8 Km/h

1994 Se constituye la Compañía Serveis Ferroviaris de Mallorca
El tren más largo de RENFE (Talgo 200 Madrid-Malaga) con 41 coches y 605 metros
En Valencia entra en servicio el primer tranvía moderno de España

1995 Inauguración del Metro de Bilbao

1997 Creación del ente público Gestor de Infraestructuras Ferroviarias (GIF) que asume la construcción de la línea de alta velocidad Madrid-Barcelona-Frontera
Estreno del Euromed de velocidad alta en el corredor del mediterraneo
Entran en servicio los Trenes Regionales Diesel (TRD)

1998 Conmemoración del 150 aniversario de los Ferrocarriles en España (línea Barcelona-Mataró)

2001 Febrero - Se celebra el 150 aniversario de la inauguración de la línea Madrid-Aranjuez
Marzo - Se Adjudica a Siemens y a Talgo la construcción de 16 unidades a cada empresa para el tren de Alta Velocidad Madrid-Barcelona-Frontera Francesa

2003 El 24 de Febrero de 2003 se realiza el primer viaje promocional en la línea de Alta Velocidad de Madrid - Lleida., pero el servicio no llega a ponerse en funcionamiento por problemas en la Línea
El 11 de Octubre de 2003 se inaugura oficialmente la línea de Alta Velocidad entre Madrid y Lleida-Pirineus, aunque a una velocidad comercial de 200 km/h.
El 23 de Diciembre, se inaugura el tramo de alta velocidad comprendido entre las estaciones de Zaragoza y Huesca.

2004 El 11 de Diciembre se presentan las nuevas unidades de la Serie 104 que realizarán las lanzaderas de Madrid Atocha - Puertollano y CiudadReal.
El 31/12/2004 desaparece RENFE
Enero

2005 El 01/01/2005, se crean dos empresas, con motivo de la desaparición de RENFE. Adif, que será la encargada de gestionar las infraestructuras y Renfe Operadora, que se encargará del servicio.
El 04/01/2005 entran en funcionamiento los nuevos trenes de Renfe Serie 104. Estos trenes efectuarán recorridos entre Madrid Pta Atocha , Ciudarreal y Puertollano
Febrero
2005 El 26/02/2005, entran en servicio los trenes de Alta Velocidad de Talgo Serie 102 (popularmente llamados "los patos")
Noviembre
2005 El 16 de Noviembre de 2005 se inaugura la linea de Alta Velocidad de Media distancia entre Madrid y Toledo. Diciembre

2006 El 16 de Diciembre de 2006 se inaugura el primer tramo la linea de Alta Velocidad entre Madrid y Málaga. El tramo comprende desde las estaciones de Madrid Atocha hasta la estación de Antequera.
El 18 de Diciembre de 2006 se inaugura el tramo de Lleida a Tarragona de la linea de Alta Velocidad Madrid-Barcelona-Frontera Francesa. Diciembre

2007 El 22 de Diciembre de 2007 se inaugura la linea de Alta Velocidad entre Madrid y Valladolid. También se inaugura la estación de Segovia.
El 23 de Diciembre de 2007 se inaugurala línea de Alta Velocidad entre Madrid y Málaga. Febrero

2008 El 20 de Febrero del 2008 se inauguró el tramo de Alta Velocidad entre Camp de Tarragona y Madrid de la línea de Alta Velocidad Madrid-Barcelona-Frontera Francesa. Julio

2009 El 26 de Julio del 2009 prestó su último día de servicio el Talgo III después de más de 40 años circulando por las vías españolas

viernes, 30 de marzo de 2012

El Jefe de Estaciòn, 1968

Un magnífico documento en el que se describe el trabajo de un jefe de estación a través de la historia de un ferroviario que, al ser ascendido, es trasladado a una estación de menor trasiego. El ferroviario reflexiona sobre todo lo que ha visto en sus veinte años de profesión, sobre su puesto de trabajo y la importancia de la actividad que realiza. Cansado de la tranquilidad, lo que más desea es que un tren importante pase por su estación y, al final ve, cómo se cumple ese deseo. La película pertenece a la serie Ventana Abierta, un programa de Teleclub que se emitía semanalmente en TVE.


PRIMERA PARTE



SEGUNDA PARTE

Construccion de una linea de ferrocarril en 1948



Documental de diez minutos con guión y direccón de Alfonso Acebal elaborado en colaboración con la Comisión de celebración del Primer Centenario del Ferrocarril Barcelona- Mataró en 1948 y que forma junto a otras cuatro cintas un serie sobre el tren español.

Los trenes de nuestros abuelos



Tiempos de la España de postguerra. Tiempos de nuestros abuelos. Trenes vetustos, de vapor, grandes mastodontes, de la 3 clase... es lo que había en la Renfe de aquella época.

FACTORIAS FERROVIARIAS 1948



Documental de Alfonso Acebal donde se muestran las imágenes de las factorías ferroviarias que fabricaban vagones y coches de viajeros de los más diversos tipos, tras reponer las 36.000 máquinas destruidas durante la Guerra Civil